miércoles, 14 de junio de 2017

Evangelio     Mt 5, 17-19

Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Mateo.
Jesús dijo a sus discípulos: No piensen que vine para abolir la Ley o los Profetas: Yo no he venido a abolir, sino a dar cumplimiento. Les aseguro que no quedarán ni una “i” ni una coma de la Ley, sin cumplirse, antes que desaparezcan el cielo y la tierra. El que no cumpla el más pequeño de estos mandamientos, y enseñe a los otros a hacer lo mismo, será considerado el menor en el Reino de los Cielos. En cambio, el que los cumpla y enseñe, será considerado grande en el Reino de los Cielos.
Palabra del Señor.

Comentario


Para los cristianos, la ley de Moisés no ha quedado abolida, sino que Jesús es el cumplimiento de esa Ley, la esperanza concretada, el Mesías prometido que, por fin, ha venido al mundo.

martes, 13 de junio de 2017

Evangelio     Mt 5, 13-16

Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Mateo.
Jesús dijo a sus discípulos: "Ustedes son la sal de la tierra. Pero si la sal pierde su sabor, ¿con qué se la volverá a salar? Ya no sirve para nada, sino para ser tirada y pisada por los hombres. Ustedes son la luz del mundo. No se puede ocultar una ciudad situada en la cima de una montaña. Y no se enciende una lámpara para meterla debajo de un cajón, sino que se la pone sobre el candelero para que ilumine a todos los que están en la casa. Así debe brillar ante los ojos de los hombres la luz que hay en ustedes, a fin de que ellos vean sus buenas obras y glorifiquen a su Padre que está en el cielo".
Palabra del Señor.

Comentario


“El cristiano debería ser una persona luminosa, que lleva la luz, ¡siempre da luz! Una luz que no es suya, pero es el regalo de Dios, es el regalo de Jesús. Y nosotros llevamos esta luz adelante. Si el cristiano apaga esta luz, su vida no tiene sentido: es un cristiano de nombre solamente, que no lleva luz, una vida sin sentido” (Papa Francisco, 9/2/2014).

lunes, 12 de junio de 2017

Mt 4, 25—5, 12

Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Mateo.
Seguían a Jesús grandes multitudes que llegaban de Galilea, de la Decápolis, de Jerusalén, de Judea y de la Transjordania. Al ver la multitud, Jesús subió a la montaña, se sentó, y sus discípulos se acercaron a él. Entonces tomó la palabra y comenzó a enseñarles, diciendo: “Felices los que tienen alma de pobres, porque a ellos les pertenece el Reino de los Cielos. Felices los afligidos, porque serán consolados. Felices los pacientes, porque recibirán la tierra en herencia. Felices los que tienen hambre y sed de justicia, porque serán saciados. Felices los misericordiosos, porque obtendrán misericordia. Felices los que tienen el corazón puro, porque verán a Dios. Felices los que trabajan por la paz, porque serán llamados hijos de Dios. Felices los que son perseguidos por practicar la justicia, porque a ellos les pertenece el Reino de los Cielos. Felices ustedes, cuando sean insultados y perseguidos, y cuando se los calumnie en toda forma a causa de mí. Alégrense y regocíjense entonces, porque ustedes tendrán una gran recompensa en el cielo; de la misma manera persiguieron a los profetas que los precedieron”.
Palabra del Señor.

Comentario


“No te admires, pues, si en cada una de estas bienaventuranzas no oyes la palabra reino, porque cuando dice ‘serán consolados’, ‘alcanzarán misericordia’ y otras cosas por el estilo, está insinuando de una manera oculta, el Reino de los Cielos. Esto es para que ya no esperes cosa alguna sensible, ni tampoco se considere como bienaventurado aquel que es coronado con las cosas que proceden de esta vida” (San Juan Crisóstomo, Homiliae in Matthaeum, hom. 15, 5).

domingo, 11 de junio de 2017

Evangelio       Jn 3, 16-18

Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Juan.
Dijo Jesús: “Dios amó tanto al mundo, que entregó a su Hijo único para que todo el que cree en él no muera, sino que tenga vida eterna. Porque Dios no envió a su Hijo para juzgar al mundo, sino para que el mundo se salve por él. El que cree en él, no es condenado; el que no cree, ya está condenado, porque no ha creído en el nombre del Hijo único de Dios”.
Palabra del Señor.

Comentario


“Aquí tenemos la tercera lectura de hoy, el evangelio, en que el mismo Cristo nos está diciendo la gran revelación: ‘Tanto amó Dios al mundo que entregó a su Hijo, para que no perezca ninguno de los que creen en él sino que tenga vida eterna’. Para esto viene el mensajero de la vida eterna, el Hijo único de Dios, aquel que en su esencia divina ha recibido en calidad de Verbo, de Hijo, toda la naturaleza eterna de Dios, toda la vida que no tiene fin, la luz de todas las tinieblas, la solución de todos los problemas, el amor de todas las desesperanzas, la alegría de todas las tristezas. Quien tiene a este Hijo de Dios no le falta nada” (Mons. O. Romero, homilía del 21/5/1978).

sábado, 10 de junio de 2017

Evangelio     Mc 12, 38-44

Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Marcos.
Jesús enseñaba a la multitud: “Cuídense de los escribas, a quienes les gusta pasearse con largas vestiduras, ser saludados en las plazas y ocupar los primeros asientos en las sinagogas y los banquetes; que devoran los bienes de las viudas y fingen hacer largas oraciones. Estos serán juzgados con más severidad”. Jesús se sentó frente a la sala del tesoro del Templo y miraba cómo la gente depositaba su limosna. Muchos ricos daban en abundancia. Llegó una viuda de condición humilde y colocó dos pequeñas monedas de cobre. Entonces él llamó a sus discípulos y les dijo: “Les aseguro que esta pobre viuda ha puesto más que cualquiera de los otros, porque todos han dado de lo que les sobraba, pero ella, de su indigencia, dio todo lo que poseía, todo lo que tenía para vivir”.
Palabra del Señor.

Comentario


“La última acción de Jesús en el templo es un discurso contra los escribas, seguido de su elogio de los ‘pobres’, representados por la viuda que cede todos sus bienes como ofrenda al templo. Jesús contrapone como ejemplo radiante contra los codiciosos, ambiciosos e insinceros escribas y contra los ricos que hacen gala de sus donaciones aparentemente grandes, a una mujer pobre, símbolo de todos los ‘pobres’, de los oprimidos que aun en medio de su fatiga y apuro quieren servir sincera y generosamente” (Fritzleo Lentzen-Deis, Comentario al Evangelio de Marcos, Ed. Verbo Divino).

viernes, 9 de junio de 2017

Evangelio     Mc 12, 35-37

Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Marcos.
Jesús se puso a enseñar en el Templo y preguntaba: “¿Cómo pueden decir los escribas que el Mesías es hijo de David? El mismo David ha dicho, movido por el Espíritu Santo: ‘Dijo el Señor a mi Señor: Siéntate a mi derecha, hasta que ponga a tus enemigos debajo de tus pies’. Si el mismo David lo llama ‘Señor’, ¿cómo puede ser hijo suyo?”. La multitud escuchaba a Jesús con agrado.
Palabra del Señor.

Comentario


Jesús quiere desterrar la expectativa de un mesianismo desde el poder de un rey descendiente de David. Jesús es Señor, y su señorío supera la realeza humana y no necesita imponerse desde estructuras dominantes.

jueves, 8 de junio de 2017

Evangelio     Mc 12, 28-34

Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Marcos.
Un escriba que oyó discutir a Jesús con los saduceos, al ver que les había respondido bien, se acercó y le preguntó: “¿Cuál es el primero de los mandamientos?”. Jesús respondió: “El primero es: ‘Escucha, Israel: el Señor nuestro Dios es el único Señor; y tú amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón y con toda tu alma, con todo tu espíritu y con todas tus fuerzas’. El segundo es: ‘Amarás a tu prójimo como a ti mismo’. No hay otro mandamiento más grande que éstos”. El escriba le dijo: “Muy bien, Maestro, tienes razón al decir que hay un solo Dios y no hay otro más que él, y que amarlo con todo el corazón, con toda la inteligencia y con todas las fuerzas, y amar al prójimo como a sí mismo, vale más que todos los holocaustos y todos los sacrificios”. Jesús, al ver que había respondido tan acertadamente, le dijo: “Tú no estás lejos del Reino de Dios”. Y nadie se atrevió a hacerle más preguntas.
Palabra del Señor.

Comentario


El escriba conoce la Biblia, más precisamente los mandamientos. La pregunta sobre “el mandamiento más importante” no es superficial: muchos escribas y rabinos debatían sobre este tema en ese tiempo. Jesús responde con mandamientos que ya están en los textos de la Torá, pero no habla de “un mandamiento” sino de dos, reuniendo en uno solo el amor a Dios y al hermano. No podrían ser mandamientos separados. Por lo tanto, el criterio para evaluar cuánto amamos a Dios es cuánto amamos a los hermanos.