martes, 17 de mayo de 2016

Sal 12, 6

Señor, yo confío en tu misericordia: que mi corazón se alegre porque me salvaste. Cantaré al Señor, porque me ha favorecido.

Evangelio      Mc 9, 30-37

Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Marcos.
Jesús atravesaba la Galilea junto con sus discípulos y no quería que nadie lo supiera, porque enseñaba y les decía: “El Hijo del hombre va a ser entregado en manos de los hombres; lo matarán y tres días después de su muerte, resucitará”. Pero los discípulos no comprendían esto y temían hacerle preguntas. Llegaron a Cafarnaúm y, una vez que estuvieron en la casa, les preguntó: “¿De qué hablaban en el camino?”. Ellos callaban, porque habían estado discutiendo sobre quién era el más grande. Entonces, sentándose, llamó a los Doce y les dijo: “El que quiere ser el primero debe hacerse el último de todos y el servidor de todos”. Después, tomando a un niño, lo puso en medio de ellos y, abrazándolo, les dijo: “El que recibe a uno de estos pequeños en mi Nombre, me recibe a mí, y el que me recibe no es a mí al que recibe sino a Aquél que me ha enviado”.
Palabra del Señor.

Comentario

Los discípulos viven según los criterios del mundo. Mientras Jesús habla de sufrimiento y rechazo, ellos están interesados en asegurarse un puesto. Jesús debe recordarles cuál tiene que ser su ambición: hacerse servidores, como Jesús, que da la vida. Asimismo, les mandó mantener el lugar de los niños, que, en la sociedad de su tiempo, ocupaban un lugar secundario al ser considerados impuros.


lunes, 16 de mayo de 2016

Hech 1, 14

Los discípulos, íntimamente unidos, se dedicaban a la oración en compañía de María, la Madre de Jesús.

Juan 19; 25 – 27

Cerca de la cruz de JESUS estaba su madre, con María, la hermana de su madre, esposa de Cleofás, y María de Magdala. JESUS, al ver a la madre y junto a ella al Discípulo que mas quería, dijo a la madre: “Mujer, ahí tienes a tu hijo.”  Después dijo al Discípulo: “Ahí tienes a tu madre”. Y desde aquel momento el Discípulo se la llevo a si casa.
Palabra del Señor.

Comentario

El autor de Hechos, en la lectura anterior, y el autor del evangelio de Juan en esta lectura coinciden, en dos relatos tan diferentes. Ambos muestran a María en un momento trascendente de la vida de Jesús (Jn) o de la Iglesia (Hech). En este evangelio María es entregada como madre nuestra, en el momento más dramático y generoso de la vida de Jesús.

sábado, 14 de mayo de 2016

 Jn 15, 16

Dice el Señor: “No son ustedes los que me eligieron a mí, sino yo el que los elegí a ustedes, y los destiné para que vayan y den fruto y ese fruto sea duradero”. Aleluya.

Evangelio     Jn 15, 9-17

Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Juan.
Jesús dijo a sus discípulos: “Como el Padre me amó, también yo los he amado a ustedes. Permanezcan en mi amor. Si cumplen mis mandamientos, permanecerán en mi amor, como yo cumplí los mandamientos de mi Padre y permanezco en su amor. Les he dicho esto para que mi gozo sea el de ustedes, y ese gozo sea perfecto. Éste es mi mandamiento: Ámense los unos a los otros, como yo los he amado. No hay amor más grande que dar la vida por los amigos. Ustedes son mis amigos si hacen lo que yo les mando. Ya no los llamo servidores, porque el servidor ignora lo que hace su señor; yo los llamo amigos, porque les he dado a conocer todo lo que oí de mi Padre. No son ustedes los que me eligieron a mí, sino yo el que los elegí a ustedes, y los destiné para que vayan y den fruto, y ese fruto sea duradero. Así, todo lo que pidan al Padre en mi nombre, él se lo concederá. Lo que yo les mando es que se amen los unos a los otros”.
Palabra del Señor.

Comentario

“Cuando uno ama de verdad está dispuesto a los mayores sacrificios, a escuchar y obedecer, a revelar sus secretos e intenciones, y a ser fiel a ese amor aunque se presenten fallos humanos” (comentario de La Biblia de Nuestro Pueblo, Ed. Mensajero).


viernes, 13 de mayo de 2016

  Apoc 1, 5-6

Cristo nos amó y nos purificó de nuestros pecados, por medio de su sangre, e hizo de nosotros un reino sacerdotal para Dios, su Padre. Aleluya.

Evangelio     Jn 21, 15-19

Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Juan.
Habiéndose aparecido Jesús resucitado a sus discípulos, después de comer, Jesús dijo a Simón Pedro: “Simón, hijo de Juan, ¿me amas más que estos?”. Él le respondió: “Sí, Señor, tú sabes que te quiero”. Jesús le dijo: “Apacienta mis corderos”. Le volvió a decir por segunda vez: “Simón, hijo de Juan, ¿me amas?”. Él le respondió: “Sí, Señor, sabes que te quiero”. Jesús le dijo: “Apacienta mis ovejas”. Le preguntó por tercera vez: “Simón, hijo de Juan, ¿me quieres?”. Pedro se entristeció de que por tercera vez le preguntara si lo quería, y le dijo: “Señor, tú lo sabes todo; sabes que te quiero”. Jesús le dijo: “Apacienta mis ovejas. Te aseguro que cuando eras joven, tú mismo te vestías e ibas a donde querías. Pero cuando seas viejo, extenderás tus brazos, y otro te atará y te llevará a donde no quieras”. De esta manera, indicaba con qué muerte Pedro debía glorificar a Dios. Y, después de hablar así, le dijo: “Sígueme”.
Palabra del Señor.

Comentario

Tres negaciones fueron redimidas con tres confesiones de amor. Jesús no se queda en los momentos en que Pedro lo ha abandonado, sino que sigue apostando a su amor por él. ¿Hacemos lo mismo nosotros ante quienes nos han negado en algún momento?


jueves, 12 de mayo de 2016

Heb 4, 16

Vayamos confiadamente al trono de la gracia, a fin de obtener misericordia y alcanzar la gracia de un auxilio oportuno. Aleluya.

Evangelio     Jn 17, 20-26

Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Juan.
A la hora de pasar de este mundo al Padre, Jesús levantó los ojos al cielo, y oró diciendo: “Padre santo, no ruego solamente por ellos, sino también por los que, gracias a su palabra, creerán en mí. Que todos sean uno: como tú, Padre, estás en mí y yo en ti, que también ellos sean uno en nosotros, para que el mundo crea que tú me enviaste. Yo les he dado la gloria que tú me diste, para que sean uno, como nosotros somos uno –yo en ellos y tú en mí– para que sean perfectamente uno y el mundo conozca que tú me has enviado, y que los has amado a ellos como me amaste a mí. Padre, quiero que los que tú me diste estén conmigo donde yo esté, para que contemplen la gloria que me has dado, porque ya me amabas antes de la creación del mundo. Padre justo, el mundo no te ha conocido, pero yo te conocí, y ellos reconocieron que tú me enviaste. Les di a conocer tu nombre, y se lo seguiré dando a conocer, para que el amor con que tú me amaste esté en ellos, y yo también esté en ellos”.
Palabra del Señor.

Comentario

“Un día estaba allí con mis compañeras y, abriendo el pequeño libro, leímos: ‘Padre, que todos sean uno’ (cf. Jn 17, 21). Fue la oración de Jesús antes de morir. Por su presencia entre nosotras y por un don de su Espíritu, me pareció comprender algo de esas palabras difíciles y fuertes, y nació en mi corazón la convicción de que habíamos nacido para esa página del Evangelio: para la unidad, es decir para contribuir a la unidad de los hombres con Dios y entre sí”(Chiara Lubich, fundadora del Movimiento de los Focolares).

miércoles, 11 de mayo de 2016

Sal 46, 2

Todos los pueblos aplaudan y aclamen al Señor con gritos de alegría. Aleluya.

Evangelio     Jn 17, 6a. 11b-19

Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Juan.
A la hora de pasar de este mundo al Padre, Jesús levantó los ojos al cielo, y oró diciendo: “Padre santo, manifesté tu nombre a los que separaste del mundo para confiármelos. Cuídalos en tu nombre, el que tú me diste para que sean uno, como nosotros. Mientras estaba con ellos, yo los cuidaba en tu nombre, el que tú me diste; los protegía y no se perdió ninguno de ellos, excepto el que debía perderse, para que se cumpliera la Escritura. Pero ahora voy a ti, y digo esto estando en el mundo, para que mi gozo sea el de ellos y su gozo sea perfecto. Yo les comuniqué tu palabra, y el mundo los odió porque ellos no son del mundo, como tampoco yo soy del mundo. No te pido que los saques del mundo, sino que los preserves del maligno. Ellos no son del mundo, como tampoco yo soy del mundo. Conságralos en la verdad: tu palabra es verdad. Así como tú me enviaste al mundo, yo también los envío al mundo. Por ellos me consagro, para que también ellos sean consagrados en la verdad”.
Palabra del Señor.

Comentario

Estas palabras del Señor forman parte de la que ha sido llamada “Oración Sacerdotal”, porque Jesús se presenta como mediador, función de todo sacerdote. En esta plegaria, él intercede (“media”) por nosotros. El Señor presenta al Padre una oración por cada uno de nosotros, para que el Padre nos cuide y esté siempre atento a nuestras necesidades.

martes, 10 de mayo de 2016

Apoc 1, 17-18

Yo soy el primero y el último, el viviente. Estuve muerto pero ahora vivo para siempre. Aleluya.

Juan 17; 1 – 11

Dicho esto, JESUS elevó sus ojos al cielo y exclamo: “PADRE, ha llegado la hora; ¡glorifica a tu Hijo para que tu Hijo te de gloria a ti!
Tu le diste poder sobre todos los mortales y quieres que comunique la vida eterna a todos aquellos que le encomendaste. Y esta es la vida eterna: Conocerte a ti, único DIOS verdadero, y al que tu has enviado, JESUS, el CRISTO.
YO te he glorificado en la tierra y he terminado la obra que me encomendaste. Ahora, PADRE, dame junto a ti la misma gloria que tenia antes que comenzara el mundo.
He manifestado tu Nombre a los hombres; hablo de los que me diste, tomándolos del mundo. Eran tuyos, tú me los diste y han guardado tu palabra. Ahora reconocen que todo lo que me has dado viene de ti. El mensaje que recibí se los he entregado y ellos lo  han recibido, y reconocen de verdad que YO he salido de ti y creen que tu me has enviado.
YO ruego por ellos. No ruego por el mundo, sino por los que son tuyos y tu me diste (todo lo mio es tuyo y todo lo tuyo es mio) YO ya he sido glorificado a través de ellos.
YO ya no estoy mas en el mundo, pero ellos se quedan en el mundo, mientras que vuelvo a ti”
Palabra del Señor.

Comentario

De alguna manera, el fin de la misión de Cristo ha llegado. Luego de anunciar la Palabra al mundo, ahora se prepara para su entrega final y definitiva. En todo momento muestra un acto de libertad, sin presión ni opresión por parte del Padre.