martes, 11 de agosto de 2015

Mateo 18; 1 – 5/ 10 – 12/ 14

En aquel momento los Discípulos se le acercaron a JESUS y le preguntaron: ¿Quién es el mas grande en el Reino de los Cielos?
JESUS llamo a un niño, los colocó en medio de los Discípulos y declaro: “En verdad les digo; si no cambian y no llegan a ser como niños, nunca entrarán en el Reino de los Cielos. El que se haga pequeño como este niño, ése será el mas grade en el Reino de los cielos. Y el que recibe en Mi nombre a un niño como éste, a mi me recibe. Cuídense, no desprecien a ninguno de estos pequeños. Pues YO se los digo; sus ángeles en el cielo contemplan sin cesar la cara de MI PADRE del Cielo.
¿Qué les parece si un hombre tiene cien ovejas, y una de ellas se extravía? ¿no dejará las noventa y nueve en el cerro para ir a buscar la extraviada? Y si logra encontrarla, YO les digo que ésta le dará mas alegría que las noventa y nueve que no se extraviaron. Pasa lo mismo donde el PADRE de ustedes,  el PADRE del Cielo; no quiere que se pierda uno solo de esto pequeñitos”
Palabra del Señor.

Comentario

Jesús atiende a los grupos que la sociedad no siempre toma en consideración. Si bien, en el hogar judío, los niños eran amados y cuidados, recién a los 12 años de edad se transformaban en miembros oficiales del pueblo de Israel. Jesús, con este gesto, los recibe antes de ese momento social y los considera miembros privilegiados del Reino.


lunes, 10 de agosto de 2015

Juan 12; 24 – 26

“En verdad les digo: si el grano de trigo no cae en tierra y muere, queda solo; pero si muere, da mucho fruto. El que ama su vida la destruye, y el que desprecia su vida en este mundo, la conserva para la vida eterna. El que quiere servirme, que me siga, y donde Yo este, allí estará también mi servidor. Y al que me sirve, el PADRE le dará un puesto de honor.”
Palabra del Señor.

Comentario

Lo que sembramos da lugar a un fruto. Siempre lo que sembramos deja de ser, muere de algún modo, para dar lugar a una vida nueva. Quizá tengamos que morir cada día para renacer y resucitar cada día.


sábado, 8 de agosto de 2015

Mateo 17; 14 – 22

Cuando volvieron donde estaba la gente, se acercó un hombre a JESUS y se arrodillo ante El. Le dijo: SEÑOR, ten piedad de mi hijo, que es epiléptico y su estado es lastimoso. A menudo se nos cae al fuego, y otras veces al agua. Lo han llevado a tus Discípulos pero no lo han podido curarlo.
JESUS respondió: “¡que generación tan incrédula y malvada! ¿hasta cuándo estaré entre ustedes? ¿Hasta cuándo tendré que soportarlos? Tráiganmelo acá” En seguida JESUS dio una orden al demonio, que salió, y desde ese momento el niño quedo sano.
Entonces los Discípulos se acercaron a JESUS y le preguntaron en privado: ¿Por qué nosotros no pudimos echar a ese demonio? JESUS les dijo: “Porque ustedes tienen poca fe. En verdad les digo, si tuvieran fe, del tamaño de un grano de mostaza, le dirían a ese cerro, quítate de ahí y ponte mas allá, y el cerro obedecería. Nada sería imposible para ustedes, (Esta clase de demonios se puede expulsar con la oración y el ayuno)”
Palabra del Señor.

Comentario

Jesús no se fastidia por atender al hombre desesperado que busca la curación de su hijo, sino porque el mal sigue activo en medio de los hombres. Esta situación se presenta aún en nuestros tiempos, y nos obliga a actuar para erradicar el mal desde su raíz.


jueves, 6 de agosto de 2015

Marcos 9; 2 – 10

Seis días después, JESUS tomó consigo a Pedro, a Santiago y a Juan y los llevo a ellos solos a un monte alto. A la vista de ellos su aspecto cambio completamente. Incluso sus ropas se volvieron resplandecientes, tan blancas como nadie en el mundo pudiera blanquearlas. Y se les aparecieron Elías y Moisés, que conversaban con JESUS.
Pedro tomo la palabra y dijo a JESUS: Maestro, ¡que bueno es que estemos aquí! Levantaremos tres chozas, una pata ti, otra para Moisés y otra para Elías. En realidad no sabía lo que decía, porque estaban aterrados. En eso se formo una nube que los cubrió con su sombra, y desde la nube llegaron estas palabras: “Este es Mi Hijo, el Amado, escúchenlo” Y de pronto, mirando a su alrededor, no vieron ya a nadie; solo JESUS estaba con ellos.
Cuando bajaban del cerro, les ordeno que no dijeran a nadie lo que habían visto, hasta que el Hijo del Hombre resucitara de entre los muertos. Ellos guardaron el secreto, aunque se preguntaban unos a otros que quería decir con eso de: Resucitar de entre los muertos.
Palabra del Señor.

Comentario

En algún momento de nuestra vida, se nos da la experiencia de encontrarnos con Jesús, su ternura, su mirada y abrazo. Esos son momentos misteriosos y místicos que Dios nos regala. Pero esto no siempre ocurre de modo cotidiano. Este hecho de estar en su presencia convive con la lucha de todos los días, con las vivencias diarias que muchas veces transcurren en la oscuridad de la fe.


miércoles, 5 de agosto de 2015

Lucas 11; 27 -28

Mientras JESUS estaba hablando, una mujer levantó la voz de entre la multitud y le dijo: ¡Feliz la que te dio a luz y te crio! JESUS replico: “¡Felices, pues, los que escuchan la palabra de DIOS y la observan!”
Palabra del Señor.


martes, 4 de agosto de 2015

JESUS camina sobre las aguas (Mateo 14; 22 – 36)

Inmediatamente después JESUS obligo a sus Discípulos a que se embarcaran; debían llegar antes que El a la otra orilla, mientras El despedía a la gente.
La barca en tanto, ya estaba muy lejos de tierra y las olas la golpeaban duramente, pues soplaba el viento en contra. Antes del amanecer, JESUS vino hacia ellos caminando sobre el mar, se asustaron y exclamaron: ¡Es un fantasma! Y por el miedo  pusieron a gritar.
En seguida JESU les dijo: “Ánimo, no teman, que soy YO” Pedro contesto: SEÑOR, si eres Tu, manda que yo vaya a ti y camine sobre el agua. JESUS le dijo: “Ven” Pedro bajo de la barca y comenzó a caminar sobre las aguas en dirección a JESUS, pero el viento seguía soplando muy fuerte, tuvo miedo y comenzó a hundirse. Entonces grito: ¡SEÑOR, sálvame! Al instante JESUS extendió la mano y lo agarro, diciendo: “Hombre de poca fe, ¿Por qué has vacilado?”
Subieron a la barca y ceso el viento, y los que estaban en la barca se postraron ante El, diciendo: ¡Verdaderamente, Tu eres el Hijo de DIOS!
Terminada la travesía, desembarcaron en Genesaret, los hombres del aquel lugar reconocieron a JESUS y divulgaron la notica por toda la región, así que le trajeron todos los enfermos. Le rogaban que le dejara tocar al menos el fleco de su manto, y todos los que lo tocaron quedaron totalmente sanos.
Palabra del Señor.

Comentario

Jesús nos da seguridad de que estará siempre con nosotros. Quizá tengamos la experiencia de hundirnos o de no ver sus proyectos claramente, pero, aun en medio de las tormentas, su voz sigue sonando: “No temas”. Él nos tiende su mano para mostrarnos su presencia.


lunes, 3 de agosto de 2015

Mateo 14; 13 – 21

Al conocer la noticia, JESUS se alejó discretamente de allí en una barca a un lugar despoblado. Pero la gente lo supo en seguida y comenzó a seguirlo por tierra desde sus pueblos. Al desembarcar JESUS y encontrarse con tan gran gentío, sintió compasión de ellos y sanó a sus enfermos.
Cuando ya caía la tarde, sus Discípulos se le acercaron diciendo: estamos en un despoblado y ya ha pasado la hora. Despide a esta gente para que se vayan a las aldeas y compren algo para comer.
Pero JESUS les dijo: “No tienen porque irse; denle ustedes de comer.” Ellos respondieron aquí tenemos solo cinco panes y dos pescados. JESUS les dijo: “Tráiganmelos para acá”
Y mando a la gente que se sentara en el pasto. Tomo los cinco panes y los dos pescados, levantó los ojos al cielo, pronuncio la bendición, partió los panes y los entrego a los Discípulos. Y los Discípulos los daban a la gente. Todos comieron y se saciaron, y se recogieron los pedazos que sobraron; ¡doce canastos llenos! Los que habían comido eran unos cinco mil hombres, sin contar las mujeres y los niños.
Palabra del Señor.

Comentario

Seguramente, la muerte de Juan afectó a Jesús. ¡Tantas veces lo habría escuchado y conversado con él para compartir las experiencias de Dios y de la vida! El Señor necesitó apartarse, tomarse un tiempo para el duelo, dejar que su espíritu y su cuerpo expresen el dolor causado por la pérdida física de su amigo.