viernes, 22 de marzo de 2013


Sirácides 21

Si un hombre instruido hoye una palabra sabia, la aparecía y añade otra propia. Si la oye el libertino, le disgusta y se la echa a sus espaldas.
La conversación de un tonto pesa como un saco al viajero, pero en los labios del sabio se halla la gracia.
La palabra del sabio es esperada en la asamblea; lo que dijo, cada uno lo medita en su interior.
Como casa en ruinas es la palabra del tonto; la ciencia del insensato no es mas que palabras incoherente.


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